Viaje relampago a Berlín

19 12 2010

Mi padre estuvo trabajando en Alemania durante 6 años antes de volver a España y casarse con nuestra madre, siempre nos habló maravillas de su estancia en ese país.

Estos últimos años un tema recurrente era que, ahora que está jubilado nos iba a llevar a Alemania en coche, viendo que esa promesa, afortunadamente (cuando todavía pienso en la posibilidad de tener que viajar hasta Berlín en coche me entran escalofríos), no se cumplia a mi hermano se le ocurrio que, para celebrar su cumpleaños podíamos regalarle un viaje a Berlín. Logicamente, antes de contratar vuelos y reservar hotel, le sugerimos la idea a nuestro padre y dió su consentimiento, por lo que mi hermano se puso manos a la obra y consiguió un vuelo y un hotel muy económico, a cambio de que fuesen unas fechas un poco extrañas, del 12 al 14 de diciembre.

En principio, a mí me extrañó conseguir un viaje en unas fechas tan próximas a las navidades, cuando llegamos a Berlín, después de pasar una semana de incertidumbres tras el plante de controladores aereos y el cierre del aeropuerto de Berlin a causa de la nieve, se me despejaron todas mis incógnitas. Hacia un frío impresionante. durante nuestra estancia, los montones de nieve que quedaban de la nevada que había cerrado el aeropuerto no se fundió en ningún momento y se habían convertido en placas de hielo. Por la noche nos nevó en un par de ocasiones, una nieve fina que en Berlín no era gran cosa pero en Barcelona podría haber sido escusa para cerrar los colegios.

Mi impresión sobre Berlin a sido positiva, el hecho de que para entrar al metro o al tren no tengas que pasar por ningún tipo de torniquete y que tengas que limitarte a validar el tiquet en una pequeña máquina situada en los arcenes dice mucho del civismo de los Berlineses. Por otro lado , su herencia como centro de cultura underground se nota en la profusión de grafitis por todo Berlin. Otra característica que me llamó la atención en la forma de vivir de los berlineses es lo poco que duran verdes los semáforos de peatones a duras penas daba tiempo para cruzar  la calle a una persona adulta. Por suerte los coches se esperan a que la gente cruce la calle, otra característica de Berlín es la poca cantidad de coches que hay circulando tratándose de la capital de un país tan importante como Alemania, creo que el secreto está en la calidad de los transportes públicos, que te permiten ir a cualquier sitio sin problemas y a unos precios muy asequibles.

En tres días, teniendo en cuenta que uno es el de ida y el otro es el de vuelta, no da tiempo para visitar muchas cosas, de todas formas pudimos ver los principales monumentos de Berlín, la zona administrativa, con el reichstag y la estación central, la isla de los museos.

No entramos en ninguno porque si nos ponemos a ver museos se acabó la visita, solo visitamos una exposición que había junto al único fragmento del muro que queda en pie y que se llama Geografía del terror. Trataba de las actividades y la localización de las diferentes localizaciones de la policía política de la Alemania nazi, debido a la temática entre e hice unas fotos para entregárselas a, Jesús, un amigo mio especializado en la historia de la Segunda Guerra Mundial y, en especial de la Alemania nazi.

También pudimos ver una buena cantidad de mercadillos navideños esparcidos por toda la ciudad y en los que se ofrecía a los transeúntes vino caliente o comida (curiosamente no encontramos ningún puesto que diese comida y bebida a la vez). Un edificio a destacar es el Sony Center, que si bien no deja de ser una serie de edificios de oficinas y tiendas destaca por la cúpula o carpa (según se mire) que tapa la plaza que rodea dicho centro.

Otros monumentos destacables que visitamos fue la puerta de Brandemburgo y la torre de comunicaciones de Berlin, junto Alexanderplatz, actualemente, uno de los principales puntos donde se puede tomar el pulso a esta ciudad.

En este viaje, también tuvimos nuestro momento para los reencuentros. Tuvimos la oportunidad de conocer a los amigos de mi padre que todavía guardaban las fotos de aquella época, para mi, el momento más emotivo del viaje, aunque no entendiese ni una palabra de lo que decian (el único que sabe alemán es mi padre)

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